Esta es una de esas recetas que siempre funcionan cuando buscás algo reconfortante, rendidor y lleno de sabor.
El pollo queda bien dorado por fuera, jugoso por dentro y acompañado por una salsa de queso suave y envolvente que realza cada bocado.
Es ideal tanto para una comida especial como para salir de la rutina sin complicarse, ya que se prepara con pasos simples y en poco tiempo.
Ingredientes
- 4 pechugas de pollo medianas
- 2 cucharadas de aceite de oliva
- Sal fina a gusto
- Pimienta negra molida a gusto
- 2 dientes de ajo enteros
- 30 g de manteca
- 2 cucharadas de harina de trigo
- 300 ml de leche entera
- 100 ml de crema de leche
- 120 g de queso semiduro rallado (pategrás, gouda o similar)
- 30 g de queso rallado fino tipo parmesano
- 1 cucharadita de mostaza suave
- 1 pizca de nuez moscada
- 1 cucharadita de jugo de limón
- Perejil fresco picado a gusto
- Secá bien las pechugas con papel de cocina y condimentá de ambos lados con sal y pimienta.
- Calentá una sartén amplia a fuego medio-alto con el aceite de oliva.
- Dorá las pechugas durante 3 a 4 minutos por lado, sin moverlas demasiado, hasta que tomen un color parejo. Retiralas y reservá.
- En la misma sartén, bajá el fuego a medio y agregá la manteca junto con los dientes de ajo enteros. Cociná durante 1 minuto para que perfumen la base.
- Incorporá la harina y mezclá bien durante 1 minuto, removiendo constantemente para que se cocine y no quede gusto a crudo.
- Agregá la leche de a poco, mezclando sin parar para evitar la formación de grumos.
- Sumá la crema de leche y continuá la cocción unos minutos hasta que la salsa empiece a espesar.
- Bajá el fuego y añadí los quesos rallados en dos tandas, mezclando hasta que se derritan por completo y la salsa quede lisa y cremosa.
- Agregá la mostaza y la nuez moscada, probá y ajustá sal y pimienta si es necesario.
- Volvé a colocar las pechugas dentro de la sartén y cociná todo junto entre 5 y 7 minutos, hasta que el pollo esté bien cocido y la salsa bien integrada.
- Retirá del fuego, añadí el jugo de limón y espolvoreá con perejil picado antes de servir.
Esta receta combina una técnica sencilla con un resultado final muy sabroso.
El contraste entre el pollo dorado y la salsa de queso bien cremosa la convierte en un plato que siempre queda bien y que se adapta fácilmente a distintas guarniciones, desde papas hasta arroz o verduras salteadas.
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