Crema
La crema de maicena dura 40 años...
Existen especies para todos los gustos, pasando por diversos tamaños, colores y tiempo de cultivo hasta un posible trasplante a tierra. Sin embargo, algunas pueden quedar sumergidas de forma permanente.
Entre las plantas para cultivar en el agua, una de las más comunes es el bambú, que en realidad es un tipo de dracena con tallos gruesos. Debido a sus vástagos trenzados y tupidos puede necesitar algunas piedras en el fondo que ayuden a mantenerla erguida.
El cuidado es sencillo. Necesitan luz indirecta y fertilización del agua cada uno o dos meses. Los fertilizantes líquidos siempre deben suministrarse siguiendo las indicaciones del prospecto.
Una especie muy popular en interiores, tanto para cultivos de tierra como de agua. Los potos no necesitan trasplante. Les sienta bien estar sumergidos, pero quizás adquieran un tamaño grande, con forma de enredadera.
En esos casos, hay que cortar las ramas más crecidas con mucho cuidado. En cuanto a la luz, tampoco requieren contacto directo con el sol, pero sí permanecer en un ambiente iluminado.
Tal vez, colocar una batata en un recipiente con un poco de agua haya sido un ejercicio en época escolar. Lo cierto es que de esa manera, al poco tiempo, van a brotar una buena cantidad de tallos verdes. Esta especie sí se beneficia del contacto con el sol y ofrece la posibilidad de trasplante a tierra.
Esta especie es de las más sencillas de cultivar. Sus bellas hojas con forma de corazón crecen bajo cualquier disposición de luz. Sin embargo, si el tallo se agranda más rápido que las hojas es una señal de que necesita más iluminación.
En todos los casos, la luz le debe llegar de forma indirecta, sin contacto con rayos solares. Si bien existen numerosos tipos de filodendro, el trepador es el ideal para hidrocultivo.
Las begonias se caracterizan por sus llamativas hojas, que pueden ser de color verde, blanco, rojo y rosa. Son aptas para terrazas o balcones porque soportan el calor.
Entre las plantas para cultivar en el agua, quizás no sean las mejores para comenzar. Requieren un cuidado más específico, como cambios de agua semanales. Con cierta experiencia acumulada, son una gran opción decorativa.
Una buena técnica para el hidrocultivo de la hiedra es cortar esquejes con alrededor de 20 centímetros de largo y sumergirlos hasta la mitad. Entre las variedades de hiedra, las de hojas pequeñas son una elección adecuada para interiores.
En cuanto a luz, no precisa demasiada; la exposición al sol hace que pierdan color. Soportan lugares sombríos, aunque siempre debe contar con un poco de iluminación indirecta.
Otra de las plantas accesibles con un gran potencial de crecimiento es el lazo de amor. Basta con cortar un pequeño tallo, depositarlo en un vaso o jarra con agua y, en poco tiempo, la araña se adaptará al ambiente con su abundante follaje.
Solo hay que preocuparse porque no entre en contacto directo con el sol. Apenas gane tamaño, se puede multiplicar en otro recipiente.
La violeta africana se caracteriza por sus grandes hojas, por lo que es recomendable ubicarla en un recipiente con cuello de botella. Es decir, ancho debajo y angosto en la parte superior, para que se mantenga lo más firme posible. Además, la hoja tiene que permanecer seca.
Una especie generosa con quien pretenda dedicarle poco tiempo de cuidado es la aglaonema. Tiene buena tolerancia a todo tipo de iluminación y a un riego esporádico. Por eso son elegidas para ambientes como oficinas o habitaciones.
Por último, no solo las plantas para cultivar en el agua pueden tener funciones decorativas, sino también alimenticias. Una variedad de especies que suelen destinarse a saborizar comidas son aptas para el hidrocultivo, como el orégano, la albahaca, el tomillo, el romero y la menta.
Más allá de las especificidades de cada especie, existen algunas técnicas generales para el hidrocultivo. Es importante asegurarse de los cuidados siguientes:
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